breves generales
BOLEADORAS

Arma e instrumento de trabajo, según Guillermo Terrero, en su volumen sobre El Cabildo Criollo en la Tradición Argentina, las boleadoras fueron invención de los indígenas, pero eran sólo de dos ramales y con bolas pequeñas, pues servían para cazar avestruces (ñandúes o suris) o ciervos.
Fue el criollo quien discurrió las boleadoras de tres ramales. Servían para atrapar ñandúes, venados, etc. enredándose en sus patas.

Diferentes tipos:
Bola perdida de una sola piedra, la que podía ser redonda, ovoidal o con mucha frecuencia (charrúas) piedra erizada con múltiples mamelones puntiagudos de las llamadas "rompecabezas". La soga era relativamente corta y se utilizaba tanto para arrojarla a modo de honda o para mantenerla asida a la muñeca usándola a modo de macana para herir.

Boleadora de dos y tres piedras
llamada también "bola de potro" o "potreadora" o "Tres Marías", en contraposición con la de dos ramales o "avestrucera" o "ñanducera": la que usó normalmente el gaucho para la captura del ganado de talla y más tarde en la guerra.

Las bolas son de materiales muy pesados o de piedra, cubiertas con cuero fresco sin curtir (retobadas) o no, sujetas entre si por sogas, tendones de avestruz retorcidos, guascas (sogas), ramales, etc. La bola más pequeña, la que se usa para revolear, y lanzar las boleadoras se llama manija. La soga más corta es casi siempre la de la manija.

Existen boleadoras muy lujosas, son fabricadas con bolas de marfil, recubiertas con cadenas, filigranas de plata o cinturas; otras tienen muy buenos trabajos calados en el retobo con las más diversas formas (estrellas).

Todas las piezas que recubren las bolas se deben trabajar húmedas y al secarse se adaptan lo mejor posible a la forma, consiguiendo la mayor perfección.

Los indios pampas hacían boleadoras con piedras sin pulir o con piedras coloradas que para ellos tenia mucho valor, las sostenían con una faja de cuero muy ajustada a la cintura de las piedras sin la necesidad de una cobertura.

Los habitantes del campo del centro de la provincia de Buenos Aires generalmente hacían boleadoras con cascarrias de oveja, porque en esta región no había piedras.

Otra opción de confección de boleadoras son las de huesos de caracú bovino. Al caracú le cortan la mitad de la cabeza, porque tiene la forma de una media esfera perfecta, junto con otra mitad forman una esfera casi perfecta; luego de ahuecarlas y hacerles un agujero a cada mitad, se las atraviesa con un grueso alambre que dará la forma del ojo de la boleadora, del otro lado son remachadas. Dentro de la bola se vierte plomo derretido. Con otros cascos sacados de otras dos osamentas se arman las bolas para completar la boleadora que una vez bien terminada perece hecha de marfil.

Manejo de las boleadoras:

Las boleadoras son manejadas por el paisano de la siguiente forma: se toma en una mano la bola más pequeña (manija), luego se revolean las otras bolas libres por encima de la cabeza, girando en forma de circulo y se las lanza con violencia tratando de alcanzar lo más exacto posible el blanco; que puede ser un animal para derribarlo enredándole las boleadoras entre las patas, trabarlo e inmovilizarlo; o un enemigo para herirlo, matarlo o inutilizarlo.

Para bolear un avestruz las boleadoras que se utilizan se llaman avestruceras. Se lanzan hacia el cuello del animal; que, generalmente en su carrera cae al suelo enredando sus patas en las sogas de las boleadoras.

El uso de la bola en Patagonia se remonta a 10.000 años de antigüedad. La boleadora de dos bolas era el arma de caza y combate común de las tribus de la Pampa y Patagonia en el momento de la conquista. La bola de tres piedras, sin embargo era conocida en la región andina desde tiempos precolombinos.

En sus últimos tiempos los tehuelches reutilizaban bolas que solían encontrar en antiguos sitios de asentamiento o cacería utilizados por sus ancestros. En la mitología Tehuelche Septentrional estas bolas halladas eran fabricadas por un enano llamado TACHWÜLL, que tenía su taller en los cañadones o quebradas de las sierras. Continuamente se oía el repiqueteo del enano entregado a su labor, con su uña marcaba el surco de las bolas y procuraba no dejarse ver. Una vez, no obstante, lograron aprehenderlo; pero inmediatamente se nubló y empezó a llover de tal modo y en tanta cantidad, que se vieron obligados a darle libertad, cesando entonces la lluvia.

Para la confección de las correas o torzales se utilizaban tientos de cuero de potro, cogote de guanaco o tendón de pata de ñandú, por lo general retorcidos o trenzados en número de a tres. Para sujetar las piedras provistas de surco se pasaba directamente una tira de cuero alrededor del surco que se ajustaba fuertemente y luego se unía al extremo del torzal. En las bolas lisas el procedimiento era enfundar toda la bola dentro del retobo (forro de cuero).

Fuentes:
http://www.folkloredelnorte.com.ar/boleadora.htm
http://www.mujose.org.ar/diccionario/diccionario_l.htm
http://www.bariloche.com.ar/museo/TEHUEL.HTM