| Por
primera vez, los guaraníes guiarán a los
turistas por su tierra misionera. Un grupo está
estudiando cómo recibir a los visitantes y mostrarles
su lugar.
Nota Extraída de http://www.clarin.com/diario/2006/08/27/sociedad/s-04301.htm
Patricio Downes
PUERTO IGUAZU. ENVIADO ESPECIAL
Los guaraníes son los antiguos dueños
de la selva, pero hasta ahora deben pedir permiso para
entrar a las Cataratas del Iguazú, ese relicario
de la selva donde reinaron sus antepasados. Pero están
cerca de un hecho histórico: se convertirán
en los primeros guías aborígenes en el
Parque Nacional Iguazú.
Los que ya estudian cómo atender a los turistas
son de la parcialidad mbyá-guaraní, tan
indómita que nunca pudo ser dominada por los
conquistadores ni reducida por los jesuitas.
Aprenden lo teórico en la escuela que ellos
mismos levantaron en la aldea Yriapú y realizan
las prácticas en esa reserva de 265 hectáreas,
ubicada sobre la margen izquierda del Río Iguazú.
Allí viven 44 familias que suman 300 personas.
La Escuela Intercultural de Turismo
Mbyá Guaraní es parte del proyecto Mate
(Modelo Argentino para Turismo y Empleo - www.proyectomate.org)
y tiene financiamiento de la Agencia
Canadiense de Desarrollo Internacional, del Niágara
College de Canadá y del ITEC, un terciario público
misionero. El Parque Nacional Iguazú también
participa: su personal dicta módulos que ayudan
a los guías interculturales a contactarse con
el turista.
| Imágenes
de los sabios "Opama":
"basta", "se terminó"
dijo, en guaraní, Francisco Chamorro el
"opyguá" de la aldea Yriapú
(trueno de agua) mirando fijo a la cámara
del programa Mate. Habló sobre su "ivyraretá",
el país de árboles sagrado para
su gente, y Clarín fue testigo de algo
único. Por primera vez, Chamorro y otros
jefes espirituales guaraníes usaron el
video para transmitir sus saberes. La experiencia
fue sobrecogedora, al atardecer. Chamorro habló
de la cosmogonía guaraní. El, como
los demás sabios, eligen un tema y hablan
libremente para los módulos que consensuó
con ellos la educadora Viviana Bacigalupo.
La ruta del sendero
Lirio Acosta tiene 21 años
y, además de guiar a los turistas por el
sendero Yriapú, organizó un coro
de chicos de su aldea. Sus dulces canciones atrajeron
a decenas de turistas que visitaron Cataratas
en invierno. "Este es el ambay; su hoja cura
heridas y también es para la tos, en agua
caliente", les cuenta a Gloria y Horacio
De Giorgis, de Las Parejas, Santa Fe, que llegaron
a conocer la aldea junto a sus hijos Agostina,
Vanessa y Uriel. Los turistas miran extasiados
el bosque de palo rosa, junto a las flores de
lapachos. |
El director del parque, Daniel Crosta, y el guardaparque
Daniel Fernández contaron que la actividad también
forma parte del Proyecto Araucaria, un trabajo en conjunto
con los habitantes de estas dos aldeas y las de Guapoy
y Kaaguy Porá, que suman otros 300 aborígenes.
Lirio Acosta, un mbyá-guaraní de la aldea
Yriapú, guía a un grupo de turistas por
el sendero de la selva. Ese es su territorio. Un helecho
gigante, los claveles del aire, el arcoiris del tucán
sobre un árbol de "Palo Rosa", el canto
de un surucuá, todo hace que el paseo sea único.
El sendero de interpretación —que inventaron
los habitantes de la aldea guaraní— tiene
unos 500 metros de largo y llega hasta la orilla del
Iguazú.
En Yriapú viven 300 personas y otras 1.000 en
la aldea Mbororé, pegada a Iguazú, que
ocupa 224 hectáreas recostadas sobre el Paraná.
Juntas suman casi el 25 % de los 5.000 guaraníes
que sobreviven en lo que queda de la selva paranense
en Misiones.
"Para manejar esto, debemos capacitarnos"
dijo a Clarín el cacique Ernesto Chamorro, un
hombre de 35 años elegido por los suyos para
conducirlos. Hasta ahora el "negocio" turístico
dentro de Yriapú lo hacen "los operadores
blancos", quienes incluyen el contacto con los
aborígenes dentro de su oferta de excursiones.
Lo que ofrecen los guaraníes es muy distinto.
"Queremos que nos visiten, no que vengan a mirarnos",
dicen.
Además, los futuros guías reciben clases
de sus "opyguás" o jefes espirituales.
Ellos les han dado permiso para que les cuenten a los
blancos algunos de sus secretos ancestrales, guardados
bajo las mil y una llaves de la selva.
|