| Nota extraída
de http://www.conicet.gov.ar/diarios/2006/diciembre/056.php
26-12-06 | Universia, de Argentina | Los argentinos
y su percepcíón del tiempo
El
tiempo para el ser humano
Llegada esta época del año,
cuando faltan pocos días para el 31 de diciembre,
se suele pensar en el paso del tiempo. En su velocidad,
su lentitud o en la angustia que provoca. Desde el Conicet,
investigadores profundizan y reflexionan sobre el tiempo
humano.
En pocos días termina el año
y otra vez saldrá la frase: "este año
pasó volando", "no puedo creer que
ya lleguen las fiestas". Ya sea para ver cómo
se pasó el año, o para llegar en horario,
el ser humano tiene una percepción del tiempo
muy distinta a la que marca el reloj o un calendario.
Tan poca es esa percepción que la impuntualidad
es moneda corriente especialmente en muchos países
de este continente.
Si bien el protocolo habla de 10? de
tolerancia para llegar a una cena, para los argentinos
es imposible cumplir con esa regla a tal punto que hasta
los programas de tv, no empiezan a la hora prevista.
La puntualidad es la política
de los reyes
Un funcionario no llega tarde, sino que a la gente se
la cita media hora antes. Pero, hablar de la puntualidad
nos lleva a pensar qué pasa con el resto de los
humanos, con los que no son funcionarios. Por qué
tanta impuntualidad: ¿es una excusa para no hacer
ciertas cosas?, ¿significa irresponsabilidad,
falta de respeto al que espera, o simplemente no tenemos
capacidad para percibir el tiempo?
Los ingleses pueden ser puntuales.
En general, el norteamericano es más puntual
que el argentino, y este más que un mexicano.
Solo basta hacer un simple ejercicio. Cuánto
hay que esperar cuando un norteamericano, un argentino
o un mexicano dicen "ahorita lo traigo".
Para la doctora en psicología
Susana Azzollini, se percibe el tiempo siempre y cuando
estemos prestando atención a la estimación
temporal ?cuánto tiempo pasó desde que
llegué- y la memoria episódica que es
la que se plantea cuando se tiene en cuenta hechos concretos
?debe haber sucedido hace más de 10 años
porque todavía no tenía hijos.
La literatura científica habla
de las unidades temporales subjetivas que explicarían
porqué dos horas en una fiesta pasan rápido
y, en cambio, dos horas esperando que un ser querido
salga del quirófano, se hacen eternas. La doctora
Azzollini no coincide con esta teoría y prefiere
hablar de la cantidad de experiencias y factores emocionales
que están en juego en estos ejemplos.
Cosas del siglo XX
En el siglo 17 los campesinos trabajaban de sol a sol
y esa era la única referencia temporal que tenían.
La revolución industrial entre muchos otros cambios,
marcó de alguna manera el comienzo de la puntualidad.
Los campesinos llegaban a la gran ciudad para trabajar
en las fábricas y, a pesar de la existencia del
reloj, lo hacían durante más horas, ya
que no había diferencia de horario, se tratara
de invierno o verano. Las horas de sol ya no determinaban
el horario de trabajo.
El doctor Angel Garrido Maturano dice
que no es cuestión de géneros, edades,
ubicación, y prefiere generalizar sobre la percepción
del tiempo del ser humano. Aun así, para este
filósofo, investigador del Conicet, "en
la Argentina hay mucho tiempo perdido y mal usado. El
argentino es un apasionado del vértigo sin sentido.
Corre de un lugar para otro, vive constantemente atareado,
tanto en Buenos Aires, como en el interior, sin saber
ni porqué ni para qué vive así".
Su experiencia al haber vivido mucho
tiempo en Alemania le hizo pensar que en países
del primer mundo la gente tiene tiempo: tiene tiempo
para hablar, para hacer actividades deportivas, para
salir.
Claro, aquí los problemas económicos,
las distancias entre la casa y el trabajo, pueden ser
la excusa ideal para no hacer más cosas, lo cual
es pernicioso para la salud mental y física de
las personas ya que aquí se trabajan muchas más
horas que en otros países "y se hace mucho
menos y al trabajar muchas más horas no queda
tiempo para realizar otras actividades creativas o recreativas",
continúa Garrido Maturano.
¿Ocio = vagancia?
El ocio es considerado como una conducta negativa y
se lo compara con la vagancia, porque hasta en los momentos
de ocio, el argentino hace pocas cosas, no aprovecha
ese tiempo "ocioso".
Garrido cree que en el corazón
de cada argentino hay una idea de que el tiempo se perdió
cuando lo cierto es que se pierden posibilidades y al
futuro lo abren esas posibilidades. La idea que "hay
que correr contra el tiempo" es contradictorio
y al mismo tiempo coherente: si el tiempo se perdió
queda poco y hay que explotarlo al máximo; la
falta de organización en la propia vida y el
no asumir responsabilidades, hace que no haya tiempo
y por lo tanto se sienta su pérdida. La solución,
sin embargo, no es que el día tenga más
horas, porque solo significaría "tener más
tiempo para perder, mientras que lo que se necesita
es organización".
El tiempo tiene dos aristas o facetas
que Paul Ricoeur, filósofo y antropólogo
francés del siglo XX, define como el tiempo de
la conciencia, que es el hecho de percibir que existimos,
la duración de nuestra conciencia. Este tiempo
se lo llamó, a lo largo de la historia de la
filosofía, tiempo fenomenológico, puro,
de la conciencia, tiempo vivido.
Por otra parte existe el tiempo real,
físico, cósmico, que consiste en el hecho
que el universo se transforma, el universo cambia, y
el hombre experimenta esta otra forma del paso del tiempo
a través de su cuerpo que envejece.
"El envejecimiento, totalmente
involuntario, ajeno y superior de la conciencia coloca
al hombre en una paradoja: por un lado el tiempo es
lo más propio suyo porque es el fluir de su propia
conciencia, su interioridad más extrema, y por
el otro es lo extraño, lo ajeno, lo que adviene
sobre él y lo que inevitablemente tiene que resignar.
Ninguna de estas dos aristas del tiempo por si solas,
pueden dar explicación del conjunto de nuestra
experiencia del tiempo, sino la constante interrelación
entre el tiempo físico y el de la conciencia",
explica Garrido.
Pero para tener claro qué pasa
en forma cotidiana, la puntualidad tiene que ver con
la cronología, con necesidades puramente prácticas.
Cumplir con el "rito" de puntualidad es algo
que debería ser muy importante por el simple
hecho que el otro ser humano merece respeto. Llegar
en hora es básicamente un gesto de cortesía
y un gesto de respeto. Además, agrega Garrido
"uno debe ser puntual para permitir que las actividades
se desarrollen coherentemente".
Ahorita seguimos
De su experiencia en Guatemala, en el que el "ahorita"
es moneda corriente y muchas horas de espera, y su vivencia
en la provincia de Chaco, donde vive, Garrido rescata
que "el aborigen, como representante de una cultura
no occidental, no cree en el tiempo, en su linealidad,
por eso tiene ese ahora".
Nuestra idea cristiana del tiempo,
que presupone una nada y que presupone una consumación,
necesariamente implica una linealidad: vamos de la nada
hacia el Reino, en el que tiempo se habrá consumado,
habrá dejado de existir y todo será eternidad
o constante presente. Las culturas aborígenes,
consideran que hay mucho más tiempo porque el
tiempo no empieza ni termina y segundo porque el tiempo
"no es mío, no se acaba con mi conciencia".
Hay una actitud distinta que pasa por
una relación sana con nuestra propia conciencia
del tiempo, con nuestra propia concepción profunda
y occidental de que el tiempo tiene un comienzo y corre
hacia un fin. El cristiano interpretará ese fin
como el advenimiento del Reino, el ateo lo interpretará
como el fin de la humanidad por la explosión
de una supernova o lo que fuese, pero vamos de un principio
hacia un fin.
Vivimos el día a día
y el momento a momento, en la que estamos siempre corriendo
es una abstracción y es una mentira porque el
tiempo este, esencialmente es continuidad de horizontes.
El presente es un presente rico de pasado y rico de
futuro y viviendo en el presente el conjunto de la dimensión
temporal es como podemos ir avanzando de manera rica.
"Eso creo que es mucho más fácil
en Europa, aclara Garrido, y se lo ve claramente, tal
vez porque, como decía Sábato, las mismas
catedrales muestran el respaldo del pasado".
La angustia y el paso del tiempo
Para entender porqué el paso del tiempo genera
angustia hay que distinguir la angustia del temor. El
temor es siempre por algo, o alguien, pero siempre es
objetivo. En cambio la angustia nunca es por algo objetivo
y si se nos pregunta el porqué de nuestra angustia
repetiríamos lo que dijo Martín Heiddegger:
"por nada". Esa nada significa que el conjunto
de las cosas y de nuestras preocupaciones ha perdido
significado para nosotros.
Según este concepto, al sentir
que el tiempo pasa cada-vez-más-rápido,
hay que referirse al temor a la muerte, a lo finito.
"Alguien me dijo: en la edad media la gente vivía
en promedio 30 años más la eternidad;
nosotros solo vivimos 90. La angustia por el paso del
tiempo es un tópico en la cultura humana, que
se incrementa con la falta de esperanza. Eso produce
una profunda angustia; el tiempo pasa y el tiempo perdido
no se recupera, por eso digo que el tiempo es una crueldad"
concluye.
Y sí, el tiempo pasa, nos vamos
poniendo viejos diría Pablo Milanés, seguiremos
sintiendo que el tiempo pasa muy rápido durante
las vacaciones o eterno en los malos momentos. Pero
así es la vida, y hay que vivirla con sus tiempos
a veces tiranos, otras de relax, pero de tal forma que,
como decía Unamuno "si me muero, que eso
sea una injusticia".
Fuente: Conicet
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